El Jazz Mexicano
La irrupción de géneros venidos del país del norte como el jazz, el explosivo charleston y el acompasado fox trot enloquecieron a la juventud que en los años veinte no sólo modifico sus gustos musicales, también asumió de manera repentina los dictados del momento y apareció en escena transformada por la nueva moda de los vestidos, los peinados y los cosméticos; acompañada, eso sí, de magnificas bandas de músicos mexicanos que le pusieron ritmo al acontecimiento.
El disco fonográfico convirtió a la música de esos momentos en una forma de liturgia exuberante: tiempo de cake walk, one step, charleston y el hermano musical más cercano al jazz: el fox trot.
Casi intempestivamente, todos los lugares de baile y disfrute popular fueron llenados con el ritmo y la alegría de la música sincopada de ese momento, por supuesto copiada a los músicos negros de los ghettos noctambularios y prostibularios, tanto de la gran manzana en la cosmopolita Nueva York, como en los lugares un tanto más provincianos, pero no menos provocativos, de muchos pueblitos de Louisiana o de Harlem deliciosamente pleno de negritud, base racial de esa manifestación musical, desde tiempo atrás inmerso en la tesitura de Jelly Roll Morton.
Pero faltaba un detalle especial en la concepción de ese jazz, de esa forma musical afroamericana intuida y desarrollada par los maravillosos músicos negros de aquellos lugares, donde sólo resonaba la esencia de las plantaciones, las calurosas noches de prostíbulo y el ambiente desenfadado de esa mezcla de música negra, de origen africano. ¿Que le hacía falta a ese jazz? Bueno, pues nada más ni nada menos que la presencia de una organización orquestal mexicana que llegara, en 1886, a una exposición del algodón que se realizaba en la Feria Internacional de Chicago de aquellos años. Por norma especifica, el gobierno del general Porfirio Díaz mandaba cada año a los Estados Unidos una de estas instituciones musicales que generalmente pertenecían a diferentes armas del Ejército Federal Mexicano.
En el caso de la feria arriba mencionada, fue enviada a Estados Unidos la Banda del 8° Regimiento de Caballería, dirigida por el entonces capitán Encarnación Payen; la forma, el estilo y sobre todo la manera de instrumentación de este grupo mexicano cautivó de manera especial a los músicos negros que ahí se encontraban, quienes de inmediato llevaron a sus lugares de origen la sincopa y la manera instrumental de la banda mexicana. De ese modo el jazz negro incluyó en sus interpretaciones la tuba y el figle, instrumentos metálicos que le dieron vida a los grupos jazzistas, sobre todo de Nueva Orleans y específicamente a la música utilizada en entierro, es decir, a la música funeraria.
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