El clarinete desapareció en gran medida del jazz después de los 40, cuando el be-bop confirmó la importancia del saxofón. Hasta entonces, su tono frágil y otoñal, su sonido líquido y su capacidad para un blues evocador o un lamento extático habían ejercido gran influencia, desde los grupos de Nueva Orleáns hasta las bandas de swing. En los inicios del jazz, muchos clarinetistas eran criollos con conocimientos de armonía que habían heredado la tradición clásica francesa y que entretejían con pericia líneas melódicas en torno al metal. Otros introdujeron la terrenalidad del blues en contraposición a la elegancia criolla. El sonido profundo del clarinete bajo se hizo popular en los años 60.

MÚSICOS Y ESTILOS   (EL CLARINETE)
El legendario clarinetista de Nueva Orleáns Lorenzo Tio fue maestro de celebridades como Sidney Bechet y Barney Bigard. Otras estrellas de la época fueron Jimmie Noone  y Bigard se adaptaban bien a la sofisticación de Jelly Roll y Ellington. Benny Goodman, Jimmy Dorsey y Artie Shaw, virtuosos del siwng, tuvierón tanta fama como los trompetistas. Pee Wee Rusell destacó en el jazz ortodoxo, y Jimmy Giuffre estableció la voz del clarinete en el cool. El poético Eric Dolphy añadio el clarinete bajo.

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EL CLARINETE SOPRANO
En si bemol es el más utilizado en el jazz. Instrumento de una sola lengüeta, tiene un cuerpo segmentado de madera o plástico y cuatro registros en el sistema de llaves de Boehm, aunque también existe en otros sistemas.

EL CLARINETE BAJO
Posee un sonido profundo que le ha conferido su papel como creador de texturas (como lo tocaba Harry Carney con Ellington). La extraordinaria técnica de Dolphy liberó su expresiva función solista en los años 60.

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